Acércate y
balancéame
con esa
delicada
espuma que
fabricas
girando mi nube como quien
hace con arcilla el arte de
inmensas nubes donde este
juglar flota en el infinito
kilométrico, arropando con
la lluvia que en Génova
mojaba
nuestros cabellos,
ñoñerías disfrazadas de
opulencia.
Pero
qué decir, si
ronroneo a tu merced,
soñándote
todas las noches
una y otra
vez, como
Wolfgang soñaba en sinfonías,
xilófonos, flautas…
y vuelvo a despertar, y ahí se
zambulle mi alma, empapándose de ti.